ABUSO SEXUAL.
UN SECRETO QUE DUELE





Una vez, una paciente abusada crónicamente me dijo: ¨Yo sólo quisiera ser normal¨.
El abuso sexual es un flagelo que, lejos de lo que se cree, sucede con muchísima frecuencia y en todos los estratos sociales.
El abuso sexual infantil la mayoría de las veces se lleva a cabo en el ámbito familiar y suele ser por parte de una persona conocida, con lo cual por un lado el perpetrador ya cuenta en primera instancia con la confianza del menor y también lleva a prolongar el abuso a través de los años, y por el otro la posibilidad de obligar mediante amenazas al silencio del niño. Es ahí donde se comienza a gestar el tan nombrado secreto, el cual hace un efecto implosivo en la personalidad de quien lo guarda.
El abuso sexual impacta de un modo implacable en quien lo sufre, ya que en sí mismo encierra muchos otros abusos: físicos, psicológicos; rompe los límites personales, emocionales, morales y amenaza la integridad del niño quien instintivamente comienza a sentirse incómodo con la situación.
Algunos indicadores que deben tenerse en cuenta son: cuando su comportamiento no corresponde a su edad ni a las costumbres de la casa, sea porque muestran curiosidad en extremo o porque hacen preguntas o comentarios sobre sexo (no esperables a su edad); embarazo, enfermedades de transmisión sexual, irritaciones o malestar en los genitales, aseo constante de los genitales o se niega a hacerlo; dolor al orinar, infecciones genitales frecuentes. Se detecta depresión, pérdida del apetito, disminución del rendimiento escolar, rabia u hostilidad o comportamiento sexual inadecuado a la edad. Puede huir de la casa, presentar conductas regresivas, es decir, comportarse en un nivel de desarrollo anterior al actual, en muchos casos los abusos sexuales derivan en prostitución, promiscuidad y adicciones.
Para que un niño rompa el secreto es importante que haya adultos dispuestos a escuchar, a no escandalizarse, a contener y acompañar el duro proceso del día después.
Despojarnos de la culpa del miedo, de la desprotección, y ser libres de decir lo que hay que saber, lo que ya no se puede ocultar. El abuso sexual atraviesa a millones de hombres y mujeres que han llegado hasta aquí con la herida del secreto, creyendo que el único modo de sobrevivir es callando, cuando el único modo de vivir es HABLAR.