editorial
 

 


«Cielito cielo que sí/el rey es hombre cualquiera/y morir para que él viva/la puta es una zoncera.» Bartolomé Hidalgo

CIELITO

 

La tragedia del héroe o ídolo endiosado que se convierte en mito -viviente o no- ilumina buena parte de nuestro espíritu, en un ida y vuelta que también lo refleja y constituye, dotándolo de nuestras fantasías inalcanzables y taras incontrastables. Nuestro héroe se sobrepone a ellas para ascender al cielo de los dioses con sus conquistas -también nuestras- para dibujar la constelación nacional eterna que anudará épocas y epopeyas pequeñas o grandes, supremas. Un boceto global de culturas, identidad y mapas.

Algunos nos vienen ya asignados sin poder evitarlo, para asistir luego a nuevos nacimientos que parecen escapar de nuestras manos pero a los que, sin notarlo, colaboramos en construir con ellas como a nosotros mismos. Y a muchos los hacemos de barro, otros se desvanecerán en el camino a las alturas o -genuinos- los condenamos a predicar en el desierto y los descubrimos, cincuenta años más tarde, diciéndonos algo que entonces no entendíamos.

Un drama que nos revela tal cual somos pero que vamos a mirar en otra parte, en estos días de Favaloros y Diegos, más allá de que los medios hagan su agosto a conveniencia de poderes y negocios. Pero a los ídolos les dejamos el talón de Aquiles para liquidarlos si cuadra y evitar mirarnos a nosotros mismos cara a cara. A nuestra imagen y semejanza los enarbolamos, insuflándoles también nuestra épica interior de soberbia en almíbar inconfesable y los usamos como naipes místicos de juego cósmico y social.

Nosotros somos los héroes, vos y yo, nosotros, que conformamos esta red de fueguitos cotidianos que nos alumbra y los alimenta y somos protagonistas de esa cotidiana costumbre real de trabajar, amar y construir presentes para futuros posibles sin la desmesura de los dioses. Algunos de ellos que tienen la posibilidad de regresar de donde parecería imposible, cuentan que este fueguito de los de acá se convierte en el cielo de ellos, es el famoso cielo-infierno del que retornan a valorar las «pequeñas cosas».
¿Héroes? ¿Ídolos?, sí, nosotros, los que hacemos este cielito con macetas de todos los días.


                                                              Un Túnel